EDITORIAL
Ceuta ha demostrado a lo largo de su historia una extraordinaria capacidad para convivir, integrar y construir un modelo social único en España. Una ciudad donde la diversidad no es un problema, sino una de sus mayores fortalezas. Por eso, cuando desde la política nacional se lanzan mensajes que cuestionan esa realidad, los ceutíes tienen no solo el derecho, sino también la obligación de exigir explicaciones.
Las recientes declaraciones del presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, sobre la posibilidad de gobernar junto a Vox, sumadas a las manifestaciones de dirigentes de esa formación que han llegado a señalar a Ceuta como ejemplo de una supuesta “islamización”, no pueden pasar desapercibidas. No se trata de una polémica más. Se trata de una cuestión que afecta directamente a la identidad, la convivencia y el futuro de nuestra ciudad.
Ante esta situación, los partidos de la oposición han reaccionado con mayor o menor intensidad. Lo que sorprende, sin embargo, es el silencio del máximo responsable político de Ceuta, Juan Vivas. Un silencio que se prolonga en el tiempo y que resulta difícil de comprender cuando lo que está en juego es precisamente el modelo de ciudad que durante años ha defendido públicamente.
No basta con que sean otros dirigentes o parlamentarios quienes respondan. No basta con declaraciones indirectas o interpretaciones de terceros. Los ceutíes merecen escuchar la voz de su presidente. Merecen saber si comparte, rechaza o discrepa de unos planteamientos que afectan de lleno a la realidad social de Ceuta.
Porque si algún día las políticas que hoy plantea Vox llegaran a aplicarse desde el Gobierno de España con el respaldo del Partido Popular, sus consecuencias podrían sentirse con especial intensidad en territorios como Ceuta. Y es precisamente por ello por lo que el debate no puede eludirse ni esconderse bajo la alfombra.
La política del avestruz nunca ha sido una solución. Mirar hacia otro lado mientras otros deciden el futuro de la ciudad no es una opción aceptable para quien tiene la responsabilidad de representarla. La defensa de Ceuta exige valentía, claridad y compromiso.
Por encima de las siglas, de las estrategias electorales y de los intereses partidistas, está la obligación de defender una ciudad que ha sabido convivir desde la pluralidad y el respeto mutuo. Una ciudad que no puede convertirse en moneda de cambio de pactos políticos diseñados a cientos de kilómetros de distancia.
Por eso hoy la pregunta es sencilla: ¿qué piensa Juan Vivas? ¿Está dispuesto a defender públicamente el modelo de convivencia de Ceuta frente a quienes lo cuestionan? ¿O seguirá guardando silencio mientras otros marcan el rumbo?
Los ceutíes merecen una respuesta.
Porque Ceuta no está en venta.
Porque Ceuta no se negocia.
Y porque Ceuta merece ser defendida sin ambigüedades.



