Salud — Habitualmente, al analizar los efectos adversos del consumo prolongado de cannabis, la atención se dirige principalmente al deterioro cognitivo, las dificultades de memoria o la posibilidad de padecer trastornos mentales como la psicosis. No obstante, un estudio a gran escala presentado en la revista Journal of the American Heart Association ha destacado una consecuencia menos conocida, pero de gran gravedad: su fuerte impacto sobre el sistema cardiovascular.
Datos sobre el riesgo: Consecuencias para el corazón y el cerebro
Este análisis, uno de los más amplios en esta área, examinó datos de más de 430.000 adultos estadounidenses. Al comparar consumidores habituales con quienes no consumen, se reveló una relación directa y preocupante con eventos cardiovasculares:
- Consumo diario: Fumar porros cada día eleva en un 25 % la probabilidad de infarto de miocardio y en un 42 % el riesgo de sufrir un ictus, también conocido como accidente cerebrovascular.
- Consumo semanal: Aquellos que consumen una vez por semana presentan un riesgo menor, aunque no despreciable: un 3 % más de posibilidades de infarto y un 5 % más de ictus.
«El consumo de cannabis podría representar una fuente significativa y poco reconocida de enfermedades cardiovasculares», advierte el equipo liderado por la investigadora Abra Jeffers, del Hospital General de Massachusetts en Boston.
¿Cuántos porros a la semana constituyen un peligro?
El estudio determinó un límite claro para la población sana mayor de 21 años. Especialistas del Hospital Clínic-Idibaps de Barcelona establecen que consumir cinco o más porros semanalmente representa una exposición considerable al riesgo, punto a partir del cual los efectos negativos para la salud se hacen evidentes.
Motivos por los que el cannabis perjudica las arterias
Aunque aún se investigan los mecanismos concretos, la comunidad científica señala dos elementos principales:
- La combustión: Al inhalar el humo del cannabis (marihuana o hachís, forma utilizada por el 75 % de los consumidores), se liberan sustancias tóxicas similares a las presentes en el humo del tabaco convencional.
- Receptores celulares: El tetrahidrocannabinol (THC), componente psicoactivo principal del cannabis, interactúa con los receptores endocannabinoides en el cuerpo. Dado que estos receptores están muy presentes en tejidos cardiovasculares, su constante activación puede favorecer el desarrollo de enfermedades cardíacas.
Según guías clínicas especializadas como la de Socidrogalcohol, el uso habitual de cannabis está asociado con arritmias, hipertensión, miocarditis, enfermedad arterial coronaria e incluso el síndrome de Tako-Tsubo (cardiomiopatía inducida por estrés). Además, se advierte sobre un riesgo emergente: el aumento significativo de ictus recurrentes en jóvenes que inician su consumo a edades tempranas.
Secuelas crecientes asociadas al consumo
El Plan Nacional Sobre Drogas señala que el daño cardiovascular es solo una parte dentro de un conjunto de efectos nocivos a largo plazo, que incluyen habitualmente:
- Aspectos cognitivos y emocionales: Pérdidas de memoria, dificultades para aprender, ansiedad, depresión y aparición de brotes psicóticos o esquizofrenia en personas vulnerables.
- Entorno social: Peores rendimientos académicos y aumento del abandono escolar prematuro, además de que entre un 7 % y un 10 % de quienes prueban la sustancia llegan a desarrollar dependencia.
- Área respiratoria: Bronquitis crónica, enfisema pulmonar y mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer, en especial de pulmón.


