El fracaso en la estrategia de incorporar a la formación de Abascal conduce al Partido Popular a reconsiderar sus pactos y señala directamente al «oasis sanchista» de Juan Vivas.
La estrategia diseñada por el Partido Popular en años recientes ha estado marcada por un error fundamental: pensar que VOX era una tendencia pasajera, un fenómeno similar al que supuso en su momento Ciudadanos. Desde Génova se asumió que la formación de Santiago Abascal carecía de una base ideológica sólida y que bastaría con activar el voto útil, apoyarse en los grandes medios de comunicación y emplear un conjunto de encuestas para minimizar su respaldo electoral. Sin embargo, la realidad ha demostrado que esa evaluación fue incorrecta.
VOX no ha sido una moda temporal, sino la expresión política de un arraigado sentimiento patriótico que llevaba muchos años sin representación en España. Millones de ciudadanos que valoran la unidad nacional, la soberanía, el control riguroso de las fronteras y la seguridad han protegido este proyecto frente a exclusiones y campañas mediáticas. No es posible contrarrestar mediante titulares periodísticos un sentido profundo de identidad nacional.
El final de las mayorías absolutas y el cambio programático
El panorama electoral ha impuesto una nueva realidad, enterrando la aspiración de mayorías absolutas para la derecha tradicional. La fragmentación política actual hace inviable cualquier alternativa de gobierno al sanchismo sin la colaboración directa entre el Partido Popular y VOX.
Los acuerdos autonómicos vigentes evidencian esta etapa. El caso más representativo se encuentra en Castilla y León, donde el PP ha asumido en la gestión pública postulados que antes criticaba, como el principio de Prioridad Nacional. Esta doctrina sostiene que, en un contexto de recursos limitados, la atención pública debe priorizar a quienes contribuyen con sus impuestos a sostener la comunidad. Lo que antes se consideraba un lema controvertido, ahora es un eje del debate político nacional.
Ceuta: la excepción estratégica del PP
Si este modelo de colaboración es aplicable en el conjunto del país, adquiere una importancia especial en el norte de África. El Partido Popular nacional tendrá que afrontar, tarde o temprano, la singularidad política que representa el gobierno de Juan Vivas en Ceuta.
Es contradictorio promover un proyecto de renovación nacional para reemplazar a Pedro Sánchez en La Moncloa mientras un enclave tan estratégico como Ceuta siga siendo un refugio político orientado al entendimiento constante con el socialismo local.
El Partido Popular comienza a reconocer que no podrá liderar un cambio claro en España manteniendo territorios que siguen políticas alineadas con el sanchismo. Si la dirección nacional del PP ha admitido que el futuro institucional requiere entenderse con VOX y dotar a la alternativa de un contenido ideológico sólido, este cambio también debe alcanzarse en Ceuta, poniendo fin a años de aislamiento respecto a la formación patriótica.



