Mujeres Caballas tiene pleno derecho a denunciar los problemas de Ceuta y exigir soluciones. Su iniciativa y capacidad de movilización merecen reconocimiento, pero las afirmaciones de especial gravedad deben estar respaldadas por datos verificables.
¿Más de 400 agresiones sexuales?
Maxi Lacasa, policía local y portavoz del movimiento, afirmó en declaraciones recogidas por Europa Press y en una entrevista publicada por Artículo 14, ambas del 24 de octubre, que se habían producido más de 400 agresiones sexuales, aproximadamente la mitad contra menores.

Sin embargo, según los datos del Consejo General del Poder Judicial, entre el 30 de julio y el 14 de septiembre se registraron 37 procedimientos por agresión sexual y 39 víctimas, 14 de ellas menores.
Estas cifras no incluyen todo octubre ni equivalen necesariamente al total de denuncias policiales. Tampoco puede descartarse que Lacasa, por su condición de policía local, conozca información adicional no publicada.
No obstante, hasta ahora no hemos localizado documentación pública que permita confirmar las más de 400 agresiones denunciadas. Sería conveniente que aclarase su procedencia, el periodo al que corresponden y los criterios utilizados, sin revelar información reservada.
¿Estamos realmente confinados?
Lacasa también afirmó que las agresiones se producían especialmente entre migrantes «porque nosotros nos estamos confinando».
La atribución de delitos a un colectivo requiere datos contrastados. Además, la imagen de una población confinada contrasta con la actividad cotidiana de bares, comercios, paseos y zonas infantiles, especialmente en el centro de Ceuta.
Esto no significa negar los problemas de inseguridad ni las dificultades que persisten en determinadas barriadas, sino evitar que situaciones particulares se presenten como una realidad generalizada.
La responsabilidad de no alimentar el miedo
Mujeres Caballas se presenta como un movimiento apartidista, aunque su manifestación en Madrid contó también con la asistencia del presidente de Ceuta, Juan Vivas, quien acudió en apoyo a sus reivindicaciones.
Las declaraciones alarmantes cuya magnitud no está suficientemente acreditada pueden aumentar el miedo, favorecer la desconfianza y perjudicar la imagen turística y económica de Ceuta.
Reconocer los avances conseguidos tampoco significa dar por terminada la crisis. Pero informar con rigor exige reflejar tanto los problemas pendientes como las mejoras producidas.
La responsabilidad corresponde a todos: instituciones, partidos, asociaciones y medios de comunicación.
Ceuta necesita que sus problemas reales sean escuchados y atendidos, pero también que las denuncias públicas se fundamenten en datos comprobables.


