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El abuso de bebidas energéticas deteriora el sueño y genera daños digestivos y bucales

El consumo frecuente de estas latas erosiona el esmalte dental, causa sensibilidad y sequedad en la boca, e incrementa los riesgos para la salud al mezclarse con alcohol o tomarse sin descanso previo

El uso reiterado y prolongado de bebidas energéticas se ha popularizado en España y supone un impacto significativo en la salud física y dental. La alta acidez de estos productos da lugar a la erosión del esmalte dental, un efecto que aumenta cuando se consumen a lo largo de varias horas o en lugar de agua para hidratarse. Esta práctica eleva la exposición ácida en los dientes, favoreciendo la aparición de síntomas como sensibilidad dental y sequedad en la boca.

En relación con la salud bucodental en España, el Estudio Sanitas de Salud Bucodental indica que entre las afecciones más frecuentes están la sensibilidad dental (37,5%), las caries (27,2%) y la sequedad bucal (15,9%).

Según datos de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), el 25% de la población española consume bebidas energéticas con una frecuencia aproximada de dos veces a la semana. De estos consumidores, casi la mitad (49%) las ingiere diariamente y el 47% las combina habitualmente con bebidas alcohólicas.

El daño bucal surge por la persistencia de este hábito. Antonio Longo, odontólogo del equipo de Asistencia e Innovación Clínica de Sanitas Dental, señala que cada lata reduce el pH en la boca, y la saliva necesita tiempo para restablecer el equilibrio. Si se consume otra bebida ácida antes de que esto ocurra, el esmalte se somete a ciclos continuos de agresión. Frecuentemente, la erosión pasa desapercibida hasta que aparecen síntomas evidentes como dolor al contacto con frío o molestias durante el cepillado.

Además del efecto en la salud dental, el consumo excesivo afecta otras zonas del organismo. En personas sanas el impacto es limitado cuando se ingiere ocasionalmente. No obstante, un consumo habitual para actividades como estudiar, trabajar, hacer deporte o socializar puede provocar síntomas como taquicardias, palpitaciones, nerviosismo y trastornos del sueño, los cuales no deberían considerarse normales, advierte Pablo Turrión, director médico del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.

Los riesgos aumentan en grupos específicos, como adolescentes, embarazadas o lactantes, personas con presión alta, pacientes con enfermedades cardiovasculares, con problemas previos de sueño y quienes están bajo medicación continua.

Antonio Longo detalla las principales consecuencias clínicas derivadas del consumo excesivo de estas bebidas:

  • Ansiedad, nerviosismo e irritabilidad: el elevado contenido en cafeína está asociado a acidez, náuseas, dolor abdominal y diarrea, efectos que se agravan si se consumen con el estómago vacío, en grandes cantidades o de forma rápida.
  • Dificultades para dormir y empeoramiento de la calidad del descanso: beberlas por la tarde o la noche dificulta el inicio del sueño y reduce su efecto reparador. En algunos casos, la persona logra dormir pero se despierta cansada.
  • Problemas y molestias digestivas: provocan episodios de acidez, náuseas, dolor de estómago y diarrea, especialmente tras su consumo en ayunas o rápido.
  • Aumento del riesgo al mezclarlas con alcohol: la cafeína reduce la sensación fisiológica de cansancio y somnolencia provocadas por el alcohol, lo que puede conducir a un consumo alcohólico mayor al planeado, subestimando el nivel de intoxicación real.

Para prevenir estos efectos, los especialistas de Sanitas proponen varias recomendaciones:

  • Restringir el consumo a ocasiones puntuales: evitar incluirlas en la dieta diaria y no utilizarlas como sustituto del descanso.
  • No consumirlas a sorbos prolongados: cuanto más tiempo permanezca el líquido en contacto con los dientes, mayor es la agresión ácida sobre el esmalte.
  • Evitar su ingestión en horas cercanas al descanso: se aconseja no tomarlas por la tarde ni durante la noche, sobre todo en personas con predisposición a problemas para dormir.
  • Enjuagar la boca con agua tras su consumo: ayuda a eliminar restos de azúcar y neutralizar la acidez. Si se cepillan los dientes después, es preferible esperar un tiempo prudencial, especialmente si hay antecedentes de sensibilidad o riesgo de erosión.

Finalmente, el doctor Pablo Turrión recomienda que cuando el consumo de bebidas energéticas se convierta en hábito diario, se consulte con un profesional para detectar posibles problemas de fondo, analizar alternativas saludables y evitar molestias a largo plazo que afecten al bienestar general.

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