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OWONO NO ES UN ASESINO: CONDENAR UNA ACCIÓN NO SIGNIFICA DESTRUIR A UNA PERSONA

La temeridad del guardameta debe tener consecuencias, pero una tragedia no puede convertirse en una excusa para alimentar un linchamiento público. Antes de señalar, conviene analizar todas las circunstancias.

ISMAEL PEREZ

Hay momentos en el fútbol en los que la pasión, la indignación y el dolor pueden nublar la capacidad de analizar las cosas con cierta perspectiva. La tragedia que ha terminado con la vida de un compañero tras una acción protagonizada por Owono exige responsabilidad, reflexión y, sobre todo, mucha prudencia a la hora de señalar culpables.

Seamos claros desde el principio: la acción del guardameta fue temeraria y constituye el principal desencadenante de lo sucedido. Pero también es necesario tener presente que, según las circunstancias que se están señalando, pudieron producirse negligencias posteriores en la asistencia médica. Si hubo fallos en los servicios sanitarios, deberán investigarse y depurarse las responsabilidades correspondientes.

Una cosa no excluye la otra. La responsabilidad por una acción imprudente y las posibles deficiencias en la atención posterior deben analizarse por separado. No se puede reducir una tragedia de esta dimensión a una única explicación sin conocer todos los detalles.

Pero llamar asesino a Owono me parece una barbaridad.

El fútbol es un deporte de contacto, velocidad y decisiones que, en muchas ocasiones, deben tomarse en cuestión de décimas de segundo. Cada fin de semana se producen choques de enorme violencia entre futbolistas y porteros. Afortunadamente, la inmensa mayoría se quedan en golpes, lesiones o sustos que no pasan a mayores.

En esta ocasión, el desenlace ha sido irreparable. Y precisamente por eso debemos ser todavía más cuidadosos con nuestras palabras.

Voy a plantear una reflexión que quizá ayude a entender la complejidad de aquella acción.

¿Qué habría ocurrido si Owono, en el instante decisivo, hubiese decidido apartarse para evitar el choque?

Probablemente, la jugada habría terminado en gol del Tenerife y el portero habría recibido una lluvia de críticas por no salir con decisión, por quedarse a medias o por «salir a por uvas».

Esa es también la realidad del fútbol. Los aficionados exigimos a los jugadores valentía, contundencia, compromiso y decisiones rápidas. Pero cuando una acción termina en tragedia, muchas veces olvidamos que estamos juzgando una decisión tomada en apenas unas centésimas de segundo.

Eso no significa justificar lo ocurrido. Significa entender que una acción imprudente no convierte automáticamente a quien la protagoniza en alguien que buscaba hacer daño.

Owono tendrá que asumir las consecuencias de su acción, pero no merece un linchamiento público.

No me gustaría estar ahora mismo en su piel. Una decisión tomada en un instante ha terminado con la vida de un compañero. Es una circunstancia devastadora que, independientemente de las consecuencias deportivas, disciplinarias o judiciales que puedan derivarse, probablemente le acompañará durante el resto de su vida.

Si se acredita su responsabilidad, deberá responder por ella. Si corresponde una sanción deportiva, deberá imponerse. Y si existen otras responsabilidades, también tendrán que investigarse.

Pero nosotros, como aficionados, debemos saber distinguir entre condenar una acción y deshumanizar a la persona que la ha cometido.

Podemos mostrar nuestro rechazo a la temeridad, exigir responsabilidades y reclamar que se esclarezcan todos los hechos sin necesidad de utilizar calificativos que no nos corresponden ni convertirnos en jueces de una tragedia.

Owono no quería acabar con la vida de un compañero. Eso es algo que no debemos perder de vista cuando hablamos de lo sucedido.

Una tragedia merece justicia, no venganza.

Antes de disparar con el dedo acusador, reflexionemos. Porque detrás de cada futbolista hay una persona y, en este caso, una persona que tendrá que convivir con una desgracia irreparable.

Condenemos la acción. Exijamos responsabilidades. Pero no confundamos la imprudencia con la intención de matar.

Owono no es un asesino. Reflexionemos antes de señalar.

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